La historia de la casa de descanso de Porfirio Díaz en Popo Park es un retrato fascinante de la opulencia y el poder que caracterizaron el régimen porfirista en el México de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta crónica narra no solo la vida de un sitio que fue testigo de momentos históricos, sino también la evolución de sus dueños a lo largo del tiempo, reflejando los cambios sociales y políticos que acompañaron el ocaso del porfiriato.
En el año de 1890, un visionario norteamericano llamado Mr. Hall llegó a México con la intención de fundar un fraccionamiento en las cercanías del imponente Popocatépetl, en lo que hoy se conoce como Popo Park, en el municipio de Atlautla. Según la tradición oral, Hall solicitó personalmente al presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori su permiso para establecer esta nueva comunidad. Como muestra de gratitud, Díaz mandó construir tres casas palaciegas para Hall, que se erigieron como símbolos de la grandeza y el lujo de la época. Estas residencias aún sobreviven, aunque con otros dueños.
Las Bodas de Plata en Popo Park
Uno de los eventos más destacados en la historia de Popo Park tuvo lugar en 1906, cuando Porfirio Díaz y su esposa, Carmen Romero Rubio, celebraron sus bodas de plata en la casa de descanso. La crónica de la época describe un festejo fastuoso, al que asistieron personajes de la alta sociedad porfiriana, con banquetes, música y una atmósfera de esplendor que reflejaba el poder del régimen. Durante estos festejos, la mansión de Díaz fue escenario de largas fiestas que se extendían por días, en las que no faltaba el lujo ni el derroche.
1906 en tiempos de Don PorfirioLa Casa y la Familia Montes de Oca
A la muerte de Mr. Hall, el fraccionamiento pasó a manos de la familia Montes de Oca, una familia prominente de la época. Don Carlos Montes de Oca, el patriarca de la familia, decidió regalar el fraccionamiento a su esposa, Celia. Tras el fallecimiento de ambos, la propiedad fue repartida entre varias figuras, entre ellas Laurencio Arguelles, Carlos Aguilera, Ángel Marín y Martín Borgel, quienes continuaron ocupando las majestuosas casas que Porfirio Díaz había ordenado construir décadas atrás.
Un Testimonio de Fuego y Reconstrucción
Uno de los testimonios más conmovedores sobre la casa de Porfirio Díaz en Popo Park proviene de Salvador B. Hurtado, quien compartió cómo su abuelo, el general Salvador Hurtado Gutiérrez, reconstruyó la casa tras su destrucción durante la Revolución Mexicana. Eufemio Zapata, hermano del líder revolucionario Emiliano Zapata, incendió la residencia como parte de las revueltas de la época. Hurtado Gutiérrez se encargó de restaurar las ruinas en 1936, y la casa permaneció en posesión de la familia Hurtado Tamborrel desde 1920 hasta el 2012.
Salvador recuerda con nostalgia su niñez en la casa, rememorando cómo en su juventud, la casa, aunque reformada, mantenía el estilo original de la arquitectura francesa que tanto fascinaba a Porfirio Díaz. Los techos de madera y la grandeza del espacio eran testigos mudos de los años de gloria. Las fotos de archivo de la casa original aún pueden apreciarse en el archivo Casasola, un importante repositorio histórico de la era porfiriana.
Esta es la misma casa en el 2012, poco antes de que se vendiera.Las Vías del Ferrocarril: Un Vestigio del Pasado
Para facilitar su acceso a Popo Park, Porfirio Díaz ordenó la construcción de vías del ferrocarril, cuya estación todavía se puede ver, aunque en ruinas. Parte de la estructura de esta estación se conserva como testimonio del poder de Díaz, quien, junto a su esposa, llegaba regularmente en su carroza privada. Hoy en día, una de las antiguas casas palaciegas sirve como fábrica de agroquímicos, mientras que otra es propiedad de un grupo de licenciados, aunque el puente por donde pasaba la carroza presidencial aún permanece en pie.
Las Grandes Fiestas del Porfiriato
Cuentan las crónicas orales que Porfirio Díaz visitaba su casa de descanso en Popo Park cada mes y medio, y que durante estas visitas se organizaban grandes fiestas que duraban hasta una semana. Se dice que más de 300 invitados se reunían en el fraccionamiento, disfrutando del lujo y la suntuosidad que caracterizaban al régimen de Díaz. Los eventos eran exclusivos, solo reservados para la élite política y social del país.
El Legado de Popo Park
La casa de descanso de Porfirio Díaz en Popo Park y las mansiones aledañas se erigen como testigos silenciosos de un México que alguna vez estuvo bajo el control férreo de un presidente que gobernó por más de 30 años. La historia de estas casas y de los personajes que las habitaron es un reflejo de la transformación del país, de la opulencia del porfiriato a los estragos de la Revolución, y finalmente, al México moderno que heredó sus ruinas.
Popo Park no es solo un fraccionamiento, es un vestigio del pasado, una ventana a una época de grandeza y tragedia, donde los ecos de las fiestas de Porfirio Díaz aún resuenan en las colinas bajo la sombra del Popocatépetl.






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