El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando un grupo de pobladores comenzó su ascenso por las faldas del Popocatépetl. En sus manos llevaban flores, frutas y pan, mientras el aroma del copal perfumaba el aire frío de la montaña. Era el 12 de marzo, el día en que “Don Goyo” celebraba su cumpleaños.
Un volcán con historia y alma
El Popocatépetl, cuyo nombre en náhuatl significa “montaña que humea”, se ha erigido como un titán de piedra y fuego desde hace aproximadamente 730,000 años. Su presencia ha sido testigo de la historia de México, desde la época prehispánica hasta nuestros días. Para los mexicas, su cima representaba la morada de los dioses, y sus fumarolas, la voz de los espíritus que habitaban en su interior. Pero más allá de su historia geológica, el Popocatépetl también es un ser con identidad propia: Don Goyo.
La leyenda de Don Goyo
Cuenta la tradición que un día, en un poblado cercano, un hombre de avanzada edad llamado Gregorio Chino Popocatépetl se apareció a un campesino. Con voz serena y mirada profunda, le advirtió sobre una inminente erupción y le pidió que alertara a su gente. Los habitantes, agradecidos, siguieron sus indicaciones y lograron salvarse. Desde entonces, Gregorio y el volcán se volvieron uno solo en la memoria del pueblo, y Popocatépetl comenzó a ser llamado cariñosamente “Don Goyo”, en honor a su espíritu protector.
¿Por qué el 12 de marzo?
La elección de la fecha no es casualidad. En tiempos prehispánicos, los antiguos habitantes ofrecían tributo al volcán para mantenerlo en calma. Con la llegada del catolicismo, estas tradiciones se fusionaron con las celebraciones cristianas. En algunas regiones de Puebla, el 12 de marzo se conmemora a San Gregorio Magno, y con ello, el cumpleaños de Don Goyo. Así, el rito ancestral y la fe católica se entrelazaron en un solo festejo.
El ritual del cumpleaños
Cada año, los pobladores de las comunidades cercanas al Popocatépetl se preparan para la celebración. Hombres y mujeres suben a la montaña para dejar ofrendas: flores de cempasúchil, maíz, pan y pulque. Alrededor de las fogatas, los ancianos narran la historia del volcán a los más jóvenes, mientras grupos de músicos entonan sones tradicionales. Danzantes con trajes coloridos ejecutan bailes en su honor, en un intento de apaciguar su furia y asegurar la protección de su pueblo.
El guardián eterno
El cumpleaños de Don Goyo no es solo una festividad, sino un recordatorio de la conexión profunda entre el hombre y la naturaleza. El Popocatépetl no es solo un volcán; es un guardián, un abuelo de fuego que observa en silencio la historia de su gente. Y aunque su furia a veces se manifieste en explosiones de ceniza y lava, su espíritu sigue siendo venerado y respetado por aquellos que habitan bajo su sombra.
Cada 12 de marzo, mientras el sol se esconde tras su silueta imponente, los pobladores regresan a sus hogares con la certeza de que, un año más, Don Goyo ha escuchado sus plegarias. Porque en el corazón de México, la montaña sigue viva, y su leyenda continúa ardiendo como el fuego en sus entrañas.

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